Cada día y casa noche, los te quiero y los te amo y las pequeñas adulaciones que me reiterabas a cada momento, se encontraban desnutridas de verdades.
En cualquier circunstancia podía describir tu actitud cuando estabas conmigo o cuando hablabas conmigo, pero no podía a simple vista, ¡segado de amor, maldita sea! que al no estar conmigo hacías lo mismo, eras el mismo, y pensabas lo mismo.
Las verdades quedaban en tu paladar, mientras la mentiras se desbordaban y así mismo las escupías.
¿fue necesario mentir? ¿fue necesario disfrazar una verdad no doliente, con una mentira que mata a fuego lento? tolerar que de alguna manera, creerte a ti mismo, que todo es verdad, cuando es una inculta mentira, y fingir que por mucho que sea lo pesado el sentimiento de inseguridad, te encuentras de la mejor y estable manera.
Amanecer encontrarse a oscuras, entrar a tú mente, único espacio que entiende los motivos de tus actitud y ademas que sabe lo que sientes, y reprocharte a ti mismo, que todo aquello que por más que te guste, ya no te conviene, ¡que te daña!, y sacarte excusas a ti mismo, que se ah hecho y se hace por amor, pero aún tu inseguridad contempla. hasta que pasas a un momento de inteligencia y recapacitas, y entender de que no sirvió aquello, que fue una falsa, que no se encontraba nada.
Que por mucho amor se le tenga a esa persona, de nada vale, que aunque mil horas se encuentren juntos, ¡LA RELACIÓN NO FUE NADA!
